Educación y finanzas ¿Conceptos compatibles?

Por: Juan Almagro Lominchar

La respuesta a la pregunta anterior sería “depende”. Quizá no, siendo pragmáticos. Algunas personas dirán que soy un docente poco innovador, que no reconoce que vivimos en un mundo cada vez más globalizado, a la par que desglobalizado, y que la educación financiera (o educación en finanzas) es más necesaria hoy que ayer, aunque puede que menos que mañana. Tal vez tengan razón –incluso en lo de ser poco ducho en cuestiones de innovación-, pero no quisiera perder la oportunidad de plantearles la siguiente cuestión a quienes me señalan con el dedo por poner en tela de juicio la compatibilidad de sendos conceptos (educación-finanzas). Ahí va: ¿Qué me dirían si les indico que esa educación financiera, tan relevante como parece –y es-, llega a los centros escolares de la mano de las mismas instituciones financieras con tan significativa implicación en la crisis económica de hace unos años? Llegados a este punto, quizá sea preciso hacer un inciso en lo acontecido “hace unos años”, cuando, por ejemplo, en el caso del Estado español, millones de personas fueron despedidas masivamente –me gusta más decir esto que “perdieron sus empleos”- y se vieron obligadas a abandonar sus viviendas, aquellas a las que las mismas entidades financieras aludidas facilitaron el acceso, a través de rimbombantes créditos, que además permitían cambiar el auto o disfrutar de unas vacaciones en algún país del Caribe –casi siempre el mismo-.  En aquella pomposa y vanagloriosa época, no tan lejana, ausente de mascarillas y geles hidroalcohólicos, fueron muchas personas las que vieron de cerca lo que era capaz de hacer la Banca gracias al útil más puro o al dios de las mercancías –parafraseando a Simmel o a Marx-: el dinero, ese factor que, a diferencia de lo que sucede con la mayoría de los componentes de esta vida –el ocio, el sexo o el cáncer- no es sólo importante para quienes lo tienen sino también para quienes carecen de él.

Durante esta etapa empezamos a entender, también, que el dinero “contante y sonante” –billetes y monedas- perdió valor, en pos de otro tipo instrumento que lo contenía, más manejable y fiable al pagar con él: la tarjeta de crédito o de débito, a través de la cual el dinero queda plastificado, transitando de nuestro bolsillo a los enigmáticos dominios del sistema financiero. No lo vemos, pero actúa, aunque no esté concretamente en ningún lugar. Y en este marasmo financiero, los seres humanos nos movemos entre lo real y lo virtual, entendiendo implícitamente que la posesión y la riqueza han dejado de ser importantes y han sido sustituidas por la potencialidad de la posesión y por la capacidad de endeudamiento.

Quizá sí me parece relevante incorporar estas someras pinceladas, acerca de un pasado no tan lejano, en la referidaeducación financiera. Pues bien, he de decirles que me quedaré con las ganas, porque en el Estado español, en los últimos años, las entidades financieras aludidas han encontrado en el espacio educativo un lugar para monopolizar la enseñanza sobre finanzas, aprovechando los centros escolares para comercializar sus productos y servicios financieros: préstamos –para futuras hipotecas y, por qué no, comprar un coche e irse de viaje-, tarjetas de crédito, depósitos, planes de pensiones privados, e incluso operaciones ficticias en la Bolsa (IBEX-35), de la que la mayoría de ellas forma parte. Todo ello sin mencionar los peligros emergentes –y recientes- de esta economía del tener y poseer.

Quizá, también, lo más pernicioso de todo esto, es que estas enseñanzas se han institucionalizado, es decir, han pasado a formar parte de los documentos legislativos educativos que conforman los marcos curriculares. Ahí está el pionero Plan de Educación Financiera, elaborado por el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (que decide qué empresas pasan a formar parte del mencionado IBEX-35), que desde 2008 lleva vigente y cada vez ha ido ganando más presencia, explícita y tácitamente, en la temática y los planes educativos de asignaturas como Economía, Economía de la empresa o Cultura emprendedora. Actualmente, el conocido como gobierno de coalición (PSOE-Unidas Podemos) ha comenzado a revisar estos documentos, esperemos que en aras de que la educación financiera tenga el enfoque crítico necesario para que las y los jóvenes sean capaces de transitar de esa economía del tener y poseer a una economía del ser. Veremos.

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