Ecuador en ciernes: elecciones 2021

Por: Ramiro Caiza

El panorama electoral en el Ecuador, a pocos días de la designación, mediante votación popular del nuevo Presidente de la República marca un ambiente de escepticismo  e indecisión, por la gran cantidad de  candidatos, como nunca antes en la historia democrática del país, son 16 binomios inscritos y legalizados para terciar en la elecciones del domingo 7 de febrero de 2021.

Poco se conoce de algunos, tanto como movimientos como como actores políticos consecuentes, lo que prima es el protagonismo y egocentrismo intentando mostrar su cara buena, en una suerte de campaña populista al más alto nivel y de enfrentamiento en conjunto contra uno de ellos. Basados en la libertad, varios movimientos se han legalizado e inscrito sin una convicción ideológica acorde con la realidad del pueblo ecuatoriano y su tránsito histórico.

Los movimientos y partidos nos presentan un cuadro reciclado, provienen de varias tendencias, más de la centro derecha, llamados a apuntalar el sistema o modelo único que impera en el mundo, como obra terminada, el neoliberalismo y su depredación de los recursos naturales, no representan más que el agotamiento de la vida y la encrucijada para la mayoría de la población ecuatoriana. Pues, los hay de todos los colores y gustos, desde la ultraderecha tradicional creada en los albores de la República, cobijada bajo el Patrocinio de los socialcristianos y compañía hasta los disfrazados de indígenas, pasando por pastores religiosos, “socialistas”, ex presidentes destituidos por el pueblo, en fin, una gama que sorprende al ciudadano común y que no permite aglutinar un criterio en torno a las tendencias que le convendrían al país.

Si se agrupasen bajo tendencias ideológicas y políticas, claramente la gran mayoría comulga con la derecha, dos quizá con la centroizquierda y uno más cercano a la izquierda. Este resultado es producto de la fragmentación política y de la primacía del interés individual sobre lo colectivo o el bien común., sobre todo para dividir la votación, es la obra de los “chimbadores”, de aquellos que sin mantener posibilidades, luego aparen en las alianzas para salvar al país.

Con posibilidades están Arauz, Lasso, posiblemente Pérez o Romero, tres de la derecha y uno de izquierda, lo cual nos acerca a una polarización, a dos formas de gestión del Estado, dos formas de mirar la vida, dos modos de administrar los recursos y patrimonios que son de todos. Los unos con visión colectiva, los otros con visión individual; esta es en suma la diferencia entre las distintas posturas políticas coyunturales antes de hacerse con el poder. Lo que asusta es la candidatura del movimiento indígena que se dejó engatusar por la apariencia, dejando a sus verdaderos líderes fuera de la contienda; el tiempo, solo el tiempo nos despejará estas dudas.

Con discurso maniatados en medios de comunicación masivos, cómplices de quienes ejercen el poder, árbitros y jueces de los más fuertes; como en los primeros tiempos de la república, la disputa y protagonismo por el poder se mantiene a la orden del día, son los grupos vinculados con banqueros, terratenientes, agroexportadores, cámaras de la producción, quienes siempre han estado en las esferas del poder o a través de sus títeres y lacayos. De un electorado mayoritariamente rural hasta mediados del  siglo anterior, hemos pasado al electorado urbano concentrado en las grandes ciudades  y capitales de provincia, con ligeras variantes de cantones con una densidad poblacional importante. En este escenario los servicios informativos disuaden de la problemática fundamental con entrenamiento y ocio digital, más aún en tiempos de encierro y emergencia sanitaria.

El populismo está de manifiesto en las expresiones de ciertos “líderes”, los llamaría caudillos de la derecha que en forma insistente se han presentado como candidatos, que no han triunfado en los últimos años, pero que hoy, son una seria amenaza, que se ha constituido en un proceso clientelar, basta mirar lo que sucede en la Asamblea Nacional, cuyos pactos son retroceso en cuanto a  derechos y participación ciudadana, donde afloran, incluso, los intereses regionales.

En esta hora gris para la endeble  democracia ecuatoriana, a pretexto de libertad, se hace uso de todos los medios y mecanismos para desacreditar, difamar y convertir a las redes sociales en una aberración a la que someten la voluntad popular, donde la perversidad de quienes se esconden detrás de las redes sociales se trasluce en actitudes que atentan a la inteligencia humana.

En la recta final se han presentado los 16 candidatos, en diversos foros, conversatorios y “debates” oficiales, concertados o con dedicatoria y amiguismo. Sea como fuere, estos espacios se han constituido quizá en el momento de conocer su rostro y qué piensan respecto de las grandes necesidades y problemáticas nacionales. Allí han desfilado ideas, discursos, manejo aparente de destrezas mal aprendidas, donde, en su gran mayoría, la mediocridad y ridiculez, han sido las opciones ganadoras.

Analizar a cada candidato y sus postulados que supuestamente emana de su apostolado y del movimiento o partido, es una pérdida de tiempo, porque casi nadie los cree o cree en un proceso electoral amañado, donde la competencia es desigual y las trabazones se han constituido en el pan del día para quienes no comulgan con el régimen y sus tendencias políticas afines. Por tanto, desde un paraguas general, podemos apreciar que uno de los problemas fundamentales que afronta el Ecuador, es el desempleo, sumado en este último año a la crisis sanitaria, el trabajo ha escaseado como nunca y la oferta de mano de obra calificada o manual rebasa los límites permitidos, situación que da lugar a una serie de lacras sociales en cadena: delincuencia, prostitución, narcotráfico, violencia intrafamiliar, inseguridad, corrupción pública y privada, desnutrición, bajo rendimiento escolar, suicidios, entre otros problemas que se deben enfrentar con propuestas reales, sensibles y si se quiere, donde todos y todas deberíamos sacrificarnos, de acuerdo con el nivel de ingresos para contribuir a sacar del hoyo al Ecuador, es decir, contribuciones a través de impuestos en relación con sus ingresos.

Después de una década de estabilidad, donde la mayoría de ecuatorian@s tenía oportunidades, donde la juventud tuvo una gran opción de formarse dentro y fuera del país, tiempo en el que los salarios de maestros, comunicadores y los derechos de los trabajadores fueron considerados notablemente, donde la obra pública está al servicio de tod@s, vino la traición y la venganza; alentados por esa suerte de retroceso regional se contagió la inoperancia y el embuste para despertar a una nueva realidad de despidos, de recorte del tamaño del Estado, de despidos intempestivos, de concesiones a los grupos de poder, se volvió a la incredulidad en el sector público para justificar la venta o concesión de los bienes públicos a los grandes atracadores.

Mediante una retórica cansina, de insultos e insinuaciones, donde el lenguaje ha sido víctima de los presidenciables, las soluciones a los grandes problemas nacionales tendrán que esperar, porque nadie expone con la coherencia y claridad que debe caracterizar a los supuestos representantes del pueblo ecuatoriano. El discurso preparado por sus “asesores” es un manifiesto violento, a través del que generalizan postulados, con campañas, programas, consultas en las urnas, lecturas erróneas del pasado; intentan convencer con poses de buena gente. No se plantean acciones para el cambio, sino para perpetuar la exclusión, explotación y la dependencia.

Es el modelo neoliberal como único laberinto de salida a los problemas del Ecuador, sin que la mayoría de postulantes realice un análisis regional y macroeconómico de la situación, donde el Ecuador no está aislado y también recibe las recetas e imposiciones del FMI. Qué se busca o pretende, maquillar el discurso, conseguir votos para sus intereses y engordar los bolsillos de unos pocos. Cuántos de ellos provienen de tiendas políticas donde han militado desde su juventud, la gran mayoría son reciclados, quienes han buscado alinearse a un partido o movimiento que les de cobijo momentáneo. Qué posibilidades tienen estos personajes, ninguna, sino la de en una segunda vuelta sumarse a la derecha para enfrentar al único candidato que proviene de un amplio movimiento que pretende la reivindicación y propone trazar políticas públicas desde el Estado para asegurar la educación y la salud como ejes de progreso del país.

Tod@s hablan de productividad, de reactivación económica, de rebaja y subida de impuestos, de renegociación de la deuda externa, de la vacunación prioritaria, pero se olvidan de hablar abiertamente de la cuestión de género, de la estabilidad laboral y los derechos de los trabajadores, de las personas con discapacidad, del ambiente, de la cultura, porque son temas que no les conviene, puesto que evaden el sentido reflexivo, más aún los juicios críticos de la ciudadanía, prefieren que se mantenga en la ignorancia para dominar fácilmente, sumidos en la chicha, el jolgorio y entretenimiento con actos festivos virtuales de muy mal gusto.

Qué decir de las relaciones internacionales, los candidatos, salvo uno, se entregan al servicio de los dictámenes de los organismos financieros internacionales; no se plantea la integración regional como alternativa a negociaciones con el mercado internacional, se pretende abrir las puertas de par en par para la entrada de capitales y salida de divisas, acaso la mayoría de ecuatorianos no hemos sostenido este país con el trabajo honrado de obreros, campesinos, funcionarios públicos y empresarios honestos. Cuesta tanto repensar el modelo económico que conviene a la mayoría de la población, donde se termine el paternalismo, donde las fuentes de trabajo generen bienestar para todos los estratos sociales, donde la redistribución de la riqueza tenga la marca de bien común.

En la historia republicana del Ecuador nunca antes han existido tantos candidatos a la presidencia, que se reducen a una gran tendencia, fragmentada en sus intereses particulares; es la derecha la que se expresa mayoritariamente en cuanto a candidatos.

La izquierda también está presente desde diversas tendencias, desde el centro hasta la izquierda propiamente dicha, se expresa en tres candidatos, Arauz, Larrea y Pérez. Sin embargo su pasado, nos dice de lo que puede ser un potencial gobierno. La izquierda no ha logrado aglutinar y construir una tendencia diversa en un gran frente nacional que le dispute en las urnas el poder a la derecha tradicional y reciclada en los actuales momentos. El maquillaje de izquierda que representa Yaku Pérez, no ha sido discernido por la dirigencia indígena, debemos manifestarlo, ha sido presa del oportunismo enquistado en la Unión Nacional de Educadores y centrales sindicales del Frente Unitario de Trabajadores, dominados hoy, por el otrora Movimiento Popular Democrático.

El dominio de una opinión pública direccionada por los mercaderes de la comunicación, donde los grandes medios oficiales van en una sola dirección, favorece el modelo imperante, todo apunta contra el progresismo.

Es momento de actuar desde la interioridad, desde la activación de  la conciencia, preguntándose a qué intereses representa tal o cual candidato, es hora de cuestionar el orden establecido por unos pocos, es momento de posibilitar un cambio a través de las urnas, caso contrario deberemos lamentarnos por nuestro presente y futuro, más aún por los descendientes.

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