¨Por quién doblan las campanas¨ y ¨El poder y la gloria¨: Los horrores de dos guerras civiles

Por: Mateo Sebastián Silva Buestán.

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la Tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca hagas de preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti” (John Donne).

“El Poder y la Gloria”, obra de Graham Greene.

Lamentablemente, la Historia de la Humanidad se ha caracterizado por ¨solucionar¨ sus conflictos de manera violenta. De ese modo, la abominable guerra ha cobrado la vida de millares de personas inocentes a través de los años. Hoy por hoy, luego de dos Guerras Mundiales y cientos de conflictos bélicos, se han creado Organismos intermediarios y ¨reguladores¨ que incitan al diálogo y a la paz, en respuesta a las tensiones internacionales o civiles. Organismos que, sin embargo, han sido criticados y acusados de servir a intereses particulares de las grandes potencias. Al parecer, la tinta de la corrupción salpica, incluso, a organizaciones que no llevan bandera alguna y promulgan la fraternidad entre naciones.

La guerra civil es definida como un conflicto armado entre grupos pertenecientes a un mismo país. Terrorífica realidad que se refleja en dos obras maestras del siglo XX: Por quién doblan las campanas del nobel 1954, Ernest Hemingway, y El Poder y la Gloria del recordado Graham Greene. Libros en los que, mediante los personajes en relación a la historia narrada, evidencian los horrores de la guerra, los instintos humanos más repudiables, crímenes atroces, actos de lesa humanidad, en síntesis: muerte y destrucción. Y, sobre todo, vislumbra la estupidez humana en su máximo esplendor. El cómo el hombre, cegado por un obsoleto sistema de creencias e iracundo, da rienda suelta a su estado natural: el salvajismo.

“Por quién doblan las campanas” de Ernest Hemingway.

España y México poseen una historia similar: los pueblos de esos dos países sufrieron una guerra civil, ambos conflictos armados fueron la antesala de la Segunda Guerra Mundial. En México, una serie de medidas anticristianas ejecutadas por el Gobierno de turno, liderado por Plutarco Calles, fue las múltiples gotas que rebasaron el vaso, terminaron por agitar los ánimos y desembocaron en lo que se conoce como ¨Guerra Cristera¨. España, por su parte, experimentaba inestabilidad política, situación aprovechada por los generales Franco y Mola quienes iniciaron una sublevación a fin de abolir la República. Evidentemente, existen antecedentes que provocaron estas querellas que dividieron a hermanos de un mismo país. El resultado, aproximadamente medio millón de muertos, cuantiosas pérdidas económicas, materiales y culturales, trauma postguerra y un profundo resentimiento entre ciudadanos.

Una vez que las dos guerras estallaron, la ¨ayuda¨ y la ¨no intervención¨ fueron las acciones que tomaron, tanto países limítrofes como lejanos. Pues el mundo es susceptible, consigo mismo, a lo que sucede en cada recóndito rincón. Lo que no resulta susceptible, es lo que la guerra genera: asesinato, violación, genocidio, tortura, crimines sistemáticos, intolerancia, fascismo, odio, venganza, hambruna, violencia absurda y demás brutalidades que han sido justificadas en nombre de las acciones bélicas, en lo que, aún, se conoce como ¨el arte de la guerra¨. Si bien es cierto, como señala Edmund Burke, el fin no justifica los medios, pero lo único que se necesita para que el mal triunfe es que los hombres buenos no hagan nada.

Debería ser imprescindible, mientras caminamos, voltear y observar todos los pasos que se han dado. No sólo los nuestros, también los de nuestros predecesores. Examinarlos con lupa, analizarlos minuciosamente con experticia investigadora. La importancia de tener conciencia histórica no sólo radica en saber más, sino que esta permite sentir, permite ser, permite continuar. Incluso, permite impedir que se repitan atroces acontecimientos que han marcado la Historia para siempre. El pensamiento de un hombre nunca está determinado e inmóvil, está en constante movimiento, en constante aprendizaje. Por tanto, no sería muy prudente vestir el color de una camiseta o pertenecer a un grupo que profese ideas extremistas, dogmáticas y que conciba su filosofía como verdad absoluta.

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