Juana Estrella, más de 30 años en el teatro. Ella es fulgurante en las tablas.

Por: Brígida San Martín

Juana. En realidad, yo le digo Juanita, con el diminutivo que denota cariño, admiración, respeto a su persona, a su obra. Y también estoy de acuerdo que su personalidad hace honor a su apellido: Estrella. Ella es una mujer brillante, fulgurante; la he visto resplandecer en los escenarios, con esa versatilidad, traspiración e inspiración que hacen de Juanita una de las grandes actrices ecuatorianas.

Una cuencana de cepa, de cuna.A tan solo una cuadra del Parque Calderón, en 1967, vio la luz del mundo, eran tiempos de la guerra fría.

Ella creció en un hogar donde el arte y la cultura, no le fueron ajenos, viene de un linaje de artistas, de escritores, pintores, dramaturgos, periodistas, poetas, músicos. Fernando, el padre, le hizo amar el teatro desde muy niña. Arte que venía en la sangre, arte que llegaba con los amigos, en fin ese arte estaba en la casa, en su entorno. En la memoria de Juanita están los momentos de las recurrentes veladas musicales e intelectuales, lo que Claudio Malo dijo de la dinastía Aguilar es para, pensar y dar, por cierto: “en casa de Aguilares hasta el gato lee…”

Una mujer de constancia y valentía, no decaer es la clave en una sociedad donde el oficio del arte aún no es una carrera aceptada, valorada, proyectada como debería serlo.

Felicidad, plenitud, muchas satisfacciones le deja el teatro. La gratitud está allí, no solo en la palabra sino en la obra, en el afecto, en la reciprocidad. Juanita es grata con la sangre, con la dinastía Estrella y Aguilar, ella agradece a quienes la precedieron por abrir este camino por el que transita con absoluta entrega.

El teatro, la literatura, la lectura como hábito están en las venas, en las prácticas cotidianas de la actriz cuencana, que tiene bien puestos los pies sobre el tablado, sobre la tierra. Entre pasos y trazos, así incursionó en el universo que da el tablado, primero en las obras de teatro escolares, luego en el colegio, la adolescencia no estaba ajena al mundo actoral de Juana, y más tarde en los talleres que tomaba en la Casa de la Cultura núcleo del Azuay con Edy Castro, el hombre de barbas pronunciadas, el maestro.

Agüita de Viejas”, la historia de humor, de verdad, de dos veteranas que muestran su mundo.

Vida de teatro, actos de teatro, obras de teatro, hábitos literarios y artísticos, así es Estrella, actriz, dramaturga, directora, multifacética, con una existencia profesional que empezó en su vida universitaria, en esa etapa de juventudes y curiosidades. Fue en la Universidad donde dio por sentado que este sería su camino.

Como olvidar el trabajo con Vinicio Jáuregui, director del Colectivo estudiantil La Ventana, su primer grupo; como olvidar los talleres culturales del entonces Banco Central que llegó a Cuenca con Pablo Aguirre Andrade y que luego fue dirigido por Jorge Dávila Vásquez-

Mucha, mucha agua ha corrido bajo ese puente, ya son 34 años de quehacer teatral. Juana es buena, es profesional, es luchadora, es respetuosa, es conciliadora, pero hay algo más: es y ha sido rebelde. La rebeldía le llevaron a ser perseverante, fuerte, atravesar barreras y hacer lo que gusta con responsabilidad y compromiso social. Con Juana en la tarima se puede reír, llorar, aprender, cuestionar, imaginar, pensar, agitar y experimentar tantas cosas que tiene ella y el teatro

Su voz, su tono de voz. Su cuerpo, el movimiento de su cuerpo. Su alma que se escapa de ella para entrar en el ánima del personaje. “El Hacedor”, su primera obra con el grupo universitario La Ventana, mostraba el universo, la vocación actoral y de arte de Juana; esa obra marcó un antes y un después de su carrera, fue la definitoria para quedarse para siempre en este oficio. La primera, que fue como la primera piedra, la más fuerte del cimiente que le encaminó a más de una treintena de propuestas.

Son muchas obras, todas convertidas en clásicos, en referentes del teatro ecuatoriano de los últimos 30 años. Ya es hora que Juana, los críticos, los estudiantes, los dramaturgos empiecen a compilar su trabajo, hacer un libro, a registrar cada una para que un día o una extensa vida se las pueda recordar, estudiar, reinterpretar y así entregar esa importancia y trascendencia que tienen las obras de Juana en el teatro de nuestro país.

Ya lo decíamos, la cincuentona actriz ecuatoriana no está quieta, en ella no es posible la quietud, ahora en tiempos de pandemia, de virus, de miedo, de salud en caos, Juana nos invita a un café, nos recuerda que cada vez se está volcando a la escritura y a la producción de obras de carácter social, sin dejar de ninguna manera de montar obras nuevas y de seguir presentando las ya existentes. Ella nunca deja dormir a sus obras, siempre la está despertando, sacando a la luz ya que con el tiempo y los cambios adquieren una nueva y perceptible profundidad.

Luego de tantos años, de caminos abiertos y recorrido, Juana aprendió a escoger sus tiempos, a no sobre exigirse demasiado, disfruta cada momento de sus procesos y lo que más le gusta hoy es ver teatro de los ahora jóvenes, de sus interesantes lenguajes, aprender como son las nuevas teatralidades y las nuevas narrativas, la prisa ya no está en sus hábitos dedica a cada momento la importancia que tiene.

¿Cómo hace Juana para encontrarse con cada personaje, estudiarlo, encarnarlo y mostrarlo en escena? Observar, esta es la técnica. Una mujer mimética, cualidad fundamental en la creación de personajes, ella sabe creer y meterse en el mundo del otro.

Lo que el teatro enseña

“Penélope”, otra gran propuesta que marca el portafolio de obras de la actriz cuencana.

El teatro enseña. ¿Qué enseña? Que el espíritu humano es impresionante y que el teatro es el espejo de los hombres y mujeres, de una sociedad con todos sus cielos e infiernos. “El teatro es mi alma mater, mi nave nodriza, de él me nutro y por el me muevo en este mundo con menos dificultades”. Después de todo, los seres humanos somos por naturaleza performáticos y siempre estamos creando, actuando; eso está a la vista en todo momento y lugar. Juana dice que, cuando vamos a trabajar, a la iglesia, donde la suegra, a sacar un préstamo en el banco, a pelear en las telefónicas, al supermercado, todos actuamos de diferentes maneras para lograr un fin, un objetivo en cada uno de esos espacios.

Imposible salir de una presentación de Juana sin pintar una sonrisa en el rostro. Ella escogió la comedia y la tragicomedia como formas de expresión, pero lo multifcética también le mueve hacia el drama; si hay algo que todavía no lo aborda es el teatro clown y el teatro físico. “Soy una actriz de texto, y de ahí parte todo mi proceso creativo”, así de clara, concreta y específica es la actriz cuencana que conceptúa al teatro como la vida misma y hacer teatro es la mejor academia para entenderla

Esperemos que el virus pase, que la pandemia se apiade, que nos quitemos las mascarillas para mostrar la sonrisa; esa sonrisa que Juana nos robará con sus próximas obras; “El pollo” por ejemplo, una obra muy linda que cuenta con la impecable dirección de Jordi Almeida Butiñá. Juana solo quiere, seguir fundando mis días en este amor profundo por mi oficio, el más lindo del mundo.

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