Elecciones en la Universidad de Cuenca

Por: Iván Petroff Rojas

Luego de un proceso de presentaciones y propuestas de los planes de trabajo de cada uno de los movimientos que están terciando en la lid electoral de la Universidad de Cuenca para nombrar a las máximas autoridades que regirán los destinos de nuestra Alma Mater, hemos podido conocer diferentes tipos de actitudes de los candidatos como el respeto a las opiniones de sus adversarios políticos, hasta el reclamo y la crítica nada constructiva para afianzarse en una posición de privilegio, a fin de empoderarse de la campaña y atraer el mayor número de votantes para alzarse con el triunfo definitivo.

Es evidente que el ejercicio de una administración desgasta y el candidato Pablo Vanegas, entra a la contienda electoral con esta desventaja. Para los otros candidatos fáciles es endilgar muchos de los problemas que enfrente la Universidad como la falta de presupuesto, cupos para los nuevos estudiantes, situación de infraestructura que en algunos casos es por la falta de gestión de terceros. Fácil es decir que seguimos con una universidad que no ha trabajado en el ámbito de los derechos de género y que no se ha combatido la violencia al interior de la Institución.

Creemos que un proceso de esta naturaleza, debe tener otra suerte y tiene que enrumbarse por la sensatez y la ética. Como académicos y actores de una casa de estudios a nivel superior, debe tomar en cuenta la discusión y la confrontación de ideas y conceptos que nos conduzcan hacia un escenario donde la razón crítica, la creatividad y el respeto a las ideas ajenas sean el norte universitario.

Pero no, todavía en la Universidad se reproducen viejas prácticas de una partidocracia que ha vuelto a la palestra política con fuerza, con todo un modelo neoliberal y privatizador a cuestas, como forma de utilizar el poder que les da el pueblo para satisfacer egos, megalomanías o el insaciable interés económico. Es hora de que no se siga con el discurso de la persuasión como arma para conseguir adeptos. Alejarse de los consabidos pactos y entendimientos para tratar de impresionar al electorado, que en el caso de la Universidad no tiene el eco ni los resultados que los pactantes aspiran. Los votantes de una Institución educativa, como es el caso de nuestra universidad, se apartan de lo que ocurre en la sociedad civil por que disciernen, evalúan, sopesan y dejan que la razón y la asertividad intervengan para un voto de conciencia académica y sobre toda ética.

Ojalá la Universidad de Cuenca, no vuelva por los foros del predominio de grupos y familias que en otra época administraron la Universidad como hacienda propia. Ojalá el electorado comprenda que ya vivimos una nueva etapa de cambios que más allá del administrador de turno, ya la misma sociedad nos ha exigido. Son los nuevos profesionales provenientes de la clase media y de otros sectores sociales menos favorecidos los que hacen presencia y son la mayoría y que por lo tanto tienen nuevas maneras de concebir la academia.

En ocasiones como la presente, la continuidad es muy importante porque los planes y proyectos en el ámbito educativo tienen sus propios ritmos y sus propios tiempos. Son procesos cuyos resultados se ven a mediano y largo plazo.

Que los candidatos que triunfen en las elecciones vayan por derroteros conocidos y que en vuelo emprendan nuevas aventuras que es el mayor reto para una juventud que merece todas las oportunidades y motivaciones y que se consolide la educación pública como la mejor opción para esta nueva era que nos ha tocado vivir llena de incertidumbres, pero también de opciones inmejorables en el campo del conocimiento, la ciencia, las artes y en general de la cultura.

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